Cuerpo e interocepción: leer las señales por dentro
Interocepción es la palabra técnica para algo cotidiano: la capacidad de notar lo que pasa dentro de tu cuerpo. El hambre, el latido, la tensión de la mandíbula, las ganas de ir al baño, ese peso en el pecho que no sabes nombrar.
Se entrena, y en mucha gente está desafinada por buenas razones. Si aprendiste a funcionar ignorando lo que el cuerpo decía —porque no había tiempo, o porque lo que decía era incómodo—, el volumen de esa señal baja. El problema es que entonces el cuerpo tiene que gritar para que le hagas caso, y para cuando grita ya suele ser tarde.
Esta serie recorre las vías por las que ese diálogo se puede recuperar. La respiración, que es la única función automática que también puedes gobernar a mano. El suspiro, que no es un signo de desánimo sino un mecanismo de reajuste. El movimiento, para la energía que se quedó a medias. La temperatura, la postura, el hambre, el intestino.
Y una que conviene leer aunque no la busques: por qué a algunas personas la relajación les dispara la ansiedad. Si bajar el ritmo te pone peor en vez de mejor, no eres un caso raro ni lo estás haciendo mal.
Las 12 cápsulas de esta serie
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